Tercio de Baruch


 
WEBÍndiceFAQBuscarMiembrosGrupos de UsuariosRegistrarseConectarse

Comparte | 
 

 Agiond - Historia de rol basada en hechos reales

Ir abajo 
AutorMensaje
Agiond

avatar

Mensajes : 55
Puntos de Participación : 2201
Fecha de inscripción : 21/09/2012

Ficha Tecnica
Nombre del PJ: Agiond
Clase: Guardian
Nivel:
80/80  (80/80)

MensajeTema: Agiond - Historia de rol basada en hechos reales   Lun Sep 24, 2012 1:04 pm

Bueno, viendo los 500 relatos del "jefe" y que Sora "Bieber" Dragon Fénix también se ha apuntado a hacer relatos, ahi va el mio. Para una mejor comprensión, y pa que ni vosotros ni yo nos hagamos "la picha un lio" leyendo esto, los pensamientos iran en (cursiva) y las notas en - nota -
También he pensado en una forma rolera de explicar el cambio de guild (ya que en el boceto de Reania Ugnandoor se hablaba de que ya formabamos parte de una)



Derrota

Lluvia. Truenos. Traición. Y un humor de perros. Así había empezado el día para Agiond.

Primero, la lluvia de flechas, rocas y virotes había estado barriendo a los defensores de los muros de Tajo del Ogro, llebandose a muchos amigos por delante. Los afortunados, habían entrado en la Niebla directamente. Los desafortunados, aún estaban gritando de agonía. Y los peor afortunados de todos, seguían en el muro intentando rechazar a los invasores.
Y ahí estaban mis hermanos de armas: Sora -un guardián bastante dotado con las magias curativas y de protección- , Alaynarak -una guerrera krytense, pero que eso no nos engañe: es tan fiera como la Osa- y Reania Ugnandoor -la ingeniera y cerebro del equipo. Si ella dice salta, hazlo, o terminarás fiambre-

Por suerte, por la noche, cuando catapultas, balistas y trebuchets habían callado (más por miedo a dar a sus tropas, que por darnos a nosotros), habíamos podido preparar unas mejores defensas. Sora y yo nos habíamos encargado de poner algunos escudos mágicos, Reania reparó algunas viejos carros de flechas y construyó algunos nuevos, mientras que Alaynarak iba colocando carcajes de flechas a lo largo del muro para que nunca nos faltara munición. Y pedimos refuerzos a nuestra Legión y a todo el mundo, los necesitábamos a todos


Pero los refuerzos, no llegaron.

Nada más alzarse el sol, los cimientos de Tyria temblaron con el trueno de los miles de rocas que nos cayeron encima. La puerta se astilló y rompió como quien rompe una ramita entre los dedos. El muro lateral recibió tal castigo que cayó y sepultó vivos a los obreros y guerreros que intentaban reforzarlo.
Nadie podía creerse lo que estaba pasando.

-¡Moveos! ¡Corred hacia el torreón! -nos gritaba Reania, en un último intento de defender la posición.

Y así lo hicimos, corriendo como si Zhaitan nos persiguiera. Subimos la colina que llevaba al torreón y montamos defensa en el puente -el único cuello de botella restante-, esperando que la marea de enemigos llegara y poderlos retener el tiempo suficiente para que llegaran los "refuerzos".

Pero el mundo nos cayó encima. El señor de la torre, horrorizado ante tal cantidad de enemigos, rindió la torre a cambio de su miserable vida. Tajo del Ogro había caído. La vergüenza cayó sobre nosotros.



Pero lo peor no fue ser derrotados, sino que nuestra propia Legión nos había traicionado. Nos dejaron solos para morir. Y peor fue cuando llegamos a nuestro cuartel y los oficiales, sorprendidos de vernos con vida, nos echaron la culpa de haber perdido Tajo. Todo tiene un límite.

Ese día, nuestra líder de escuadrón decidió que ya había tenido suficiente. Ahora las cosas iban a cambiar. Ese día, se creó el Tercio de Baruch.
A partir de ese día, nadie se rendiría. A partir de ese día, nadie huiría. A partir de ese día, moriríamos antes de ser derrotados. A partir de ese día, éramos Tercios.

Todo iba a cambiar.





Ni un paso atrás
De la derrota a la victoria: la defensa de Lago

Malas nuevas: la fortaleza de Colinas había caído. La fortaleza de la Zarza estaba en manos enemigas y había miles de escaramuzas entre las dos Torres. Ahora, con la caída de Colinas, estábamos completamente cercados. El enemigo no tardaría en caernos encima.
Bonita manera de levantarse.
Pero al menos había una buena noticia: El Tercio de Baruch ya disponía de 4 miembros: Radokc, un peligroso cazador, se había unido.


-¡Reforzad el portón! ¿Quién ha sido el genio de poner esa catapulta ahí? ¡Desde ahí no le daría a los enemigos ni que se pintaran dianas en el culo! ¡ Moved-la! -iba gritando Reania intentando organizar la defensa.

-¡Reania! Tenemos un par de regalos para ti -avisó Alaynarak.

-Cierto. Hemos encontrado un par de balistas funcionales en la armeria, y hay una tercera que se puede reparar fácilmente -informó Sora

-Si me echáis un cable para subirlas al lado del torreón, podremos cubrir la puerta y hacer "tiro al pato" -dijo Agiond- ¡Pero ni se os ocurra usarme de dolyak! A vosotros también os toca subir cacharros.

-¿Sabéis qué es mejor que disparar una flecha al enemigo? Pues disparar veinte a la vez. Yo me cojo un carro de flechas y os cubro -bromeó Radokc.


En pocas horas, tuvimos las tres balistas colocadas, calibradas y listas para la acción. Por suerte, había suministros suficientes para hacer una puesta a punto a las tres balistas, y nuestro enemigo se había retrasado considerablemente gracias a la guerra de guerrillas que estaban haciendo algunos escuadrones aliados.

Pero al final, el enemigo llegó. Rompieron las barricadas del túnel en un abrir y cerrar de ojos, y pronto se pusieron a preparar un ariete, catapultas, balistas, y a intentar rompernos el caldero de aceite -que ya estaba haciendo soltar maldiciones a los pobres constructores del ariete.


-Preparad los virotes perforantes y disparad a esa catapulta a mi señal -ordenó Reania.- Disparad en tres... dos... uno... ¡YA!

Y tres virotes impactaron a la catapulta a medio construir, rompiéndola en mil pedazos y haciendo saltar astillas por doquier, matando a los constructores e hiriendo a todo enemigo que estuviera a 10 metros.


-¡Bien! Ahora al ariete. Disparad en tres... dos... uno.. ¡YA!

Cinco muertos más, un ariete hecho astillas, y por lo menos veinte heridos.

-Ahora virotes explosivos, a ese tumulto de enemigos, en tres... dos... uno... ¡Fuego!


Esa orden se repitió docenas de veces más ese día. Al final, un mar de heridos y muertos se extendía de la torre a las colinas próximas. Habíamos defendido Lago. Habíamos ganado.

Así fue como cuatro soldados marcaron la diferencia entre ganar o perder. Perdón, no fueron cuatro soldados. Fueron cuatro tercios.










P.D: Espero que os haya gustado. Las críticas constructivas son bienvenidas Suspect


Última edición por Agiond el Jue Sep 27, 2012 12:33 am, editado 2 veces
Volver arriba Ir abajo
Reania
Web Master
Web Master
avatar

Mensajes : 118
Puntos de Participación : 3651
Fecha de inscripción : 23/12/2009
Edad : 32
Localización : Linde de la Divinidad

Ficha Tecnica
Nombre del PJ: Reania Ugnandoor
Clase: Ingeniero
Nivel:
80/80  (80/80)

MensajeTema: Re: Agiond - Historia de rol basada en hechos reales   Lun Sep 24, 2012 2:03 pm

Im-Pre-Sionante, verdaderamente me ha fascinado la claridad con la que se puede uno imaginar la situación, me encanta, enserio. muy buen trabajo.

+1

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Volver arriba Ir abajo
http://tercio-baruch.zohosites.com/
Agiond

avatar

Mensajes : 55
Puntos de Participación : 2201
Fecha de inscripción : 21/09/2012

Ficha Tecnica
Nombre del PJ: Agiond
Clase: Guardian
Nivel:
80/80  (80/80)

MensajeTema: Re: Agiond - Historia de rol basada en hechos reales   Lun Sep 24, 2012 2:30 pm

Gracias fiera! A ver si voy haciendo más relatos y mejoro xDDD
Volver arriba Ir abajo
Agiond

avatar

Mensajes : 55
Puntos de Participación : 2201
Fecha de inscripción : 21/09/2012

Ficha Tecnica
Nombre del PJ: Agiond
Clase: Guardian
Nivel:
80/80  (80/80)

MensajeTema: Re: Agiond - Historia de rol basada en hechos reales   Jue Sep 27, 2012 12:32 am

El Arte de la Guerra


La logísitca gana tantas batallas como pierde la espada

La guerra, como la pintura o el baile, es un arte. De igual forma que un niño con un broche puede pintar un penoso cuadro, un general puede mandar sus tropas sin orden y sentido alguno. Otros, consiguen que unos pocos derroten a muchos, por pura determinación, preparación, organización y planificación.

Eso exactamente, es lo que pasó. Así fue, como unos pocos defendieron el castillo de Piedraniebla y crearon la punta de lanza para avanzar ampliamente en territorio enemigo.



Los obreros corrían a toda prisa por Piedraniebla intentando reforzar los muros. Los guardias, aguzaban la vista en busca de enemigos. La tensión era tan densa que parecía poder cortarse con el filo de una espada, y no era para menos: los soldados de Bahía de Baruch habían podido conquistar el castillo Piedraniebla, y ahora, eran el punto de mira de cualquier enemigo que se preciase. Los enemigos de Fuerte Ranik habian estado concentrando gran cantidad de tropas, suministros y armas de asedio en la torre de Anzalias, preparados para lanzar una ofensiva total sobre Piedraniebla. Al mismo tiempo, los soldados de Bahía de Baruch intentaban tomar la torre de Durios y Quentin de los enemigos de Gandara.

Muchos enemigos. Muchos frentes abiertos. La receta del desastre.


-¡Despertad bribones! Os necesito despiertos, armados y preparados en media hora. Os esperaré en la puerta sur. -dijo Reania, despertando casi a patadas a Sora, Alaynarak, Agiond y Pescu.

-¡¿Pero qué cojones... ?! -intentó soltar Pescu, a la vez que recibía un capote a modo de respuesta, mientras Reania se alejaba.

-Algún día la voy a despertar dejandome caer encima suya, a ver qué gracia le hace... grfbtjgh... -murmuró Agiond.

-Venga, venga, ya habéis oído a la jefa. Más vale estar ahi pronto o nos tendrá toda la mañana acarreando suministros "para que los dolyak descansen". -dijo Sora intentando calmar el ambiente.


En veinte minutos, todos estaban listos, con la armadura puesta, armas afiladas y un humor de rayos.

-Los enemigos controlan todos los campamentos cercanos al castillo. Si queremos tener alguna oportunidad de mantener este montón de piedras, los necesitamos YA mismo. -informó Reania.

-Pues que Sora, Alay y Pescu vayan al Claro de Golanta y tu y yo nos vamos a la Cantera del Pícaro. -propuso Agiond, que fue aceptado de inmediato.

Así pues, ambos grupos partieron a conquistar los campamentos de suministros. Como ésta historia está contada desde el punto de vista de Agiond, solo contar que Claro de Golanta fue testigo de un episodio de corta pero intensa violencia, donde varios soldados enemigos perdieron la vida lastimosamente.
En Cantera del Pícaro no fue diferente.

No hubo ninguna épica batalla ahí, ningún héroe de brillante armadura plateada hizo huir a un enemigo numeroso. Solo unos tercios cumpliendo ordenes contra unos guardas que probablemente lo más parecido a un arma que habían sostenido hasta hace unas semanas, era un arado. Y aún así, este par de batallas que apenas contarían como una nota a pie de página de cualquier libro de historia, fue lo que no solo permitió defender Piedraniebla, sino que hizo caer varias torres enemigas.




¿Vienen enemigos? Bien, así me ahorraré tener que ir a buscarlos

Con las rutas de suministros aseguradas hacia Piedraniebla, ahora se podía empezar a pensar en la defensa. Cada vez llegaban más patrullas heridas, si es que lograban llegar. Muchos buenos hombres y mujeres murieron esos días intentando de mantener al enemigo alejado de los muros del castillo. Pero su sacrificio no fue en vano.
La defensa estaba siendo preparada...

-Pero Reania, por los ocho, no podemos defender estos muros, que apenas son una empalizada, ante un ataque total! ¿Qué vamos a hacer, tirarles piedras y palos a ver si se largan? -se quejaba Alaynarak, que cada vez que comparaba los muros del castillo con los de Linde de Divinidad la desesperación la consumía.

-Pues no es mala idea. Y ya de paso, les podríamos soltar a Sora con sus mejores vestiduras a ver si se mueren del susto. Jajajajaja!! -bromeó Reania, y las risas se extendieron por toda la sala.

-No, en serio. Lo de las piedras no es mala idea. En este castillo hay buenas posiciones para que un trebuchet pueda hacer llover preocupaciones al enemigo. -dijo Agiond- Venid, mejor os lo enseño.

Agiond los llevó hasta lo más alto del castillo, hacia unas plataformas elevadas detrás del segundo muro.
Mientras todos contemplaban la panorámica, Agiond cogió una piedra del suelo que se estaba desprendiendo, y la lanzó hacia el primer muro tan fuerte como pudo. Sorprendentemente, la piedra llegó mucho más lejos de lo esperado.

-¡Claro! Al estar tan elevados se puede llegar muy lejos sin mucho esfuerzo. -concluyó Reania- Dejadme pensar un momento.

-En la armería del Tercio tenemos un trebuchet criando polvo, y desde aquí podríamos tener una buena linea de tiro. Y quien sabe, ¡hasta puede que llegásemos a los muros de Anzalias! -exclamó Agiond.

-Espera... puede que... -balbuceaba Sora, mientras hacia unos cálculos rápidos- Sí, creo que sí. Desde aquí podríamos darle a Anzalias, si forzamos un poco al trebuchet.

-¿Veis las esquinas? -preguntó Reania- Si colocamos un par de balistas podríamos hacer fuego cruzado contra los enemigos que se acercasen a la puerta. Sí, cuanto más lo pienso, más me gusta. Adelante, ¡construyámoslo!


Cuando los obreros del castillo oyeron la idea, maldicieron a todo ser divino que conocieran por tener que subir un pesado trebuchet y varias balistas a tan gran altura. Un esfuerzo titánico, pero que pronto daría sus resultados.

En unas horas, grandes bloques de piedra surcaban el cielo estrellándose contra los poderosos y reforzados muros de Anzalias. Se acababa de azuzar un avispero, y solo faltaba saber si esas avispas picaban de verdad.


Anzalias respondió, tarde y mal, pero respondió. Más de la mitad de los soldados guarnecidos en la torre salieron corriendo indignados hacia Piedraniebla, con intención de tomarla. Tan seguros de su victoria estaban, que ni armas de asedio trajeron.
No hubo piedad.
Cientos de enemigos quedaron ensartados en flechas, otros muchos quedaron atravesados por los enormes virotes de las balistas, y un río de rocas surcó el cielo sin cesar contra los muros de Anzalias, como clamando por más enemigos a los que matar.




Millones han muerto, pero sus tropas no han avanzado más que una hormiga asmática cargada hasta los topes

Piedraniebla resistía. La moral enemiga, por los suelos. Sus bajas, incontables. Nuestros hombres, exultantes. No existía un mejor momento para atacar.

-¡Muy bien muchachos! Es hora de mostrar a esos aficionados como se lucha. Hoy cenaremos en Anzalias. -los animó Reania.

-Alaynarak, encárgate tu ahora del trebuchet. Quiero asiento en primera fila cuando ese muro caiga -dijo Agiond, dejando los mandos de tan temible arma a su amiga Alaynarak.


Muchos otros se les unieron, cuando corrió la voz de que se iba a atacar Anzalias. Sin duda, todos y cada uno de esos soldados aún recordaba el miedo que les infundía esa torre maldita, que hasta hacia unas horas, albergaba el ejercito más temible al que se habían enfrentado hasta la fecha.

En menos de una hora, Anzalias estaba completamente rodeada. incontables soldados gritaban a los muros de la torre, provocando al enemigo, hiriendo su orgullo. Los que se habían preparado para cazar a un enemigo al que creían inferior, estaban ahora acorralados, rodeados, heridos y desesperados.

Al final, el momento llegó. Una piedra impactó contra el muro, ya medio resquebrajado, y sucedió lo que unos tanto ansiaban, y otros tanto temían. Grandes trozos del muro se separaron del resto y cayeron al vacío, desprendiendo una gran cantidad de polvo y pequeñas piedras que salieron volando en todas direcciones. Luego, otra piedra volvió a impactar contra el maltratado muro y el júbilo se extendió por la pradera: enormes bloques de muro cayeron, arrastrando tras de si otras colosales piedras, dejando tras de si una espesa nube de polvo y piedras. Cuando el polvo se disipó, una brecha en el muro era lo que ocupaba ahora el lugar donde instantes atrás estaba el colosal y poderoso muro de Anzalias.

Los soldados de Bahía de Baruch y de su tercio entraron a la torre como una estampida, barriendo a su paso a los pocos defensores restantes. La mayoría habían huido al enterarse de su fracaso en Piedraniebla. Otros pocos intentaron defender Anzalias, y algunos, cuando vieron caer el muro, prefirieron saltar al vacío desde los muros a probar el acero.


Quien se creía cazador, se convirtió en cazado.

Tal lección de humildad para la gente de Fuerte Ranik, no debe ser olvidada.
Volver arriba Ir abajo
Contenido patrocinado




MensajeTema: Re: Agiond - Historia de rol basada en hechos reales   

Volver arriba Ir abajo
 
Agiond - Historia de rol basada en hechos reales
Volver arriba 
Página 1 de 1.

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
Tercio de Baruch :: Arco de Leon (100% ROL) :: Relatos-
Cambiar a: